Luis Eduardo Sánchez dejó una marca imborrable en la historia del fútbol del interior bonaerense a finales de la década de 1980. Fue su gol el que le otorgó a Estación Quequén el ascenso a la B Nacional por primera —y única— vez en su historia, tras vencer 1-0 al poderoso Olimpo de Bahía Blanca en la cancha de Rivadavia de Necochea, luego del empate 1-1 en el partido de ida.

Conocido como «Paco» —apodo heredado de su padre— o «Paquillo», Sánchez era un delantero imponente con sus 1,94 metros de altura, que inspiraba respeto en las áreas rivales. La repercusión de su actuación ante Olimpo fue tal que Villa Mitre, acérrimo rival de Estación Quequén, lo incorporó a sus filas, donde también se convirtió en ídolo.
Su hermano Jorge «Garda» Sánchez, quien también había jugado en Estación Quequén y Villa Mitre, ahora está en el centro de una trágica noticia: fue detenido acusado de matar a golpes a su madre, Delia Mercedes Romero, conocida como «Titi», de 86 años.
El hecho ocurrió alrededor de las 14 horas del viernes 19 de junio en una vivienda ubicada en la calle 548 al 1000, en Quequén, localidad vecina a Necochea, separadas por el río Quequén. Según fuentes de Clarín, el sospechoso ofreció versiones contradictorias: primero solicitó a un vecino que no llamara a la Policía porque su madre ya estaba muerta; luego, al llegar los efectivos, aseguró que habían ingresado ladrones a la casa.
El detenido tiene 56 años y llevaba diez días residiendo con la víctima. No registra antecedentes psiquiátricos y en el análisis toxicológico dio positivo en cocaína. Al momento de la detención, presentaba las manos manchadas de sangre.
Asistido por un defensor oficial, Sánchez se negó a declarar. Inicialmente fue alojado en la Comisaría 2da. de Quequén, donde otros presos lo atacaron arrojándole agua y mojándole la escasa ropa que había recibido en el hospital. Por este motivo, el fiscal Walter Pierrestegui, a cargo de la investigación, solicitó su traslado a la DDI de Necochea, donde permanece desde las 23:50 del sábado 20.
La víctima presentaba múltiples lesiones en el cuerpo y la cabeza, aparentemente producidas con distintos objetos. El fiscal lo imputó por “homicidio agravado por el vínculo”, aunque no se descarta que en los próximos días se le agregue el agravante de “alevosía”. Por este delito, la pena esperada es la prisión perpetua.
Luis Eduardo Sánchez, que reside en Bahía Blanca, viajó hasta Quequén y publicó un mensaje en sus redes sociales: “Gracias a todos y a cada uno por los mensajes, saludos y abrazos del alma en este momento durísimo e impensado de la vida. Recordaré a mi mamá como lo que fue, la mejor madre que me pudo haber tocado, junto al viejo Paco fueron padres increíbles. Te amo, ma. Siempre vivirás en mi corazón. Amigos, gracias por todo el cariño. Los quiero. Abrazo. Gracias”.
El legado de «Paco» Sánchez
El periodista necochense Gustavo García reconstruye en su libro Estación Quequén, crónica de una hazaña, el recorrido de este equipo de la Liga Necochea de Fútbol (LNF) que, el 5 de junio de 1988, logró una gesta histórica al vencer a Olimpo tras haber eliminado previamente a un rival fuerte, Almagro.
El 29 de mayo de 1988, en la primera final del Certamen del Interior, Estación Quequén arrancó perdiendo 1-0 ante Olimpo en Bahía Blanca, pero logró el empate con un gol de Mela Mainardi, un resultado que les dejó muy cerca de la gloria.
El plantel bahiense contaba con figuras reconocidas como Miguel Ángel Lemme, Roberto Depietri, Raúl Schmidt y el uruguayo Rubens Navarro. En contraste, el equipo de Estación Quequén, dirigido por Oreste «Quito» Ortiz, estaba conformado por jugadores con oficios variados: empleados administrativos y bancarios, camioneros, ferreteros y carniceros, quienes se profesionalizaron en apenas ocho meses.
Entre las principales figuras del elenco ganador estaban «Paco» Sánchez, los hermanos Fabián «Mela» y Sergio «Teto» Mainardi, y Pablo «Gualicho» Dialeva, quien luego jugaría en Deportivo Armenio, Racing de Córdoba y Tigre.
A pesar de que Estación Quequén permaneció solo una temporada en la B Nacional —con un flojo primer semestre y una destacada recuperación en la segunda rueda bajo la dirección técnica de Hugo Zerr, que no fue suficiente para evitar el descenso—, dejó una huella imborrable en el fútbol del interior, y varios jugadores migraron a clubes importantes.
Uno de ellos fue «Paquillo», que llegó a Belgrano de Córdoba y anotó dos goles en su debut, nada menos que en el clásico contra Talleres, que terminó 3-2, el 30 de julio de 1989 por la Copa Neder Nicola.
Con 23 años y capitán del equipo, el delantero fue protagonista principal del día más glorioso en la historia del fútbol necochense. Hoy, a los 60 años, atraviesa el momento personal más doloroso de su vida.
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