Buceaba en Puerto Madryn y las ballenas le pasaron a un metro: “Sentí miedo, alegría, emoción, todo junto”

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Raúl se sumergió en Punta Cuevas, en una zona habilitada para bucear en la costa de Chubut.Primero apareció una ballena que le pasó a menos de un metro y después otras cuatro. Filmó un video extraordinario y acá relata paso a paso ese mágico encuentro en el fondo del mar.

 

 

Así de cerca pasó la primera ballena. Luego aparecieron otras cuatro. Captura de video @raulsstt

La saga de las aventuras de Raúl en las profundidades del Atlántico frente a Puerto Madryn sumó un nuevo y espectacular capítulo. Desde que decidió dedicar su vida profesional a bucear, vive la rutina de la extraordinario en este paraíso de la Patagonia. Aquí, en la costa de Chubut, sus días transcurren entre delfines que siguen el bote y saltan a un puñado de metros, cachorritos de elefantes de mar que miran fijo la cámara cuando se despiertan de la siesta o alucinantes batallas de lobos de mar versus congrios, entre otras maravillas de la naturaleza. También le puede tocar, por ejemplo, una inmersión en busca de las frutos marinos o embarcarse con turistas para hacer snorkeling y que se acerque la pandilla de cachorros de lobitos marinos más cariñosa. Pero siempre hay lugar para una sorpresa más para este buzo que no haría mal en reclutar National Geographic.

Por estos días, residentes y turistas disfrutan de la gran cantidad de ballenas que llegaron a la costa de Puerto Madryn. @maxijonas

Así lo narró Raúl: «En el Día del Padre no pudimos recibir un regalo mejor. Era un día especial: frente a Madryn había muchísimas ballenas, era muy probable que cruzáramos alguna, pero no con tantas», relata.

Los buzos estaban en Punta Cuevas, en una zona habilitada para la actividad donde la profundidad oscila entre los cuatro y los ocho metros cuando sube la marea.

Lo que pasó después no estaba en los planes. Primero, es cierto, apareció una ballena que se cruzó frente a Raúl, que siempre se sumerge con la cámara subacuática. Pasó lento y los miró, curiosa y noble como todas las que aprendió a respetar en ese mundo submarino, el de ellas. Nunca puede evitar pensar en la paradoja: son depredadas, harponeadas, pero ahí están, inmensas y pacíficas.

Con más de 20 años de actividad, Raúl pensó que era un encuentro casual como tantos otros, de esos esos que al principio impresionan y pueden dar miedo a los novatos, pero después dan alegría. Pasan y siguen con su vida, mientras los buzos siguen con la suya.

Raúl en una salida anterior, rodeado de delfines. @raulsstt

Pero segundos después aparecieron otras cuatro ballenas y supo instante que era la hora de la retirada. «Documentamos el encuentro y salimos del agua para buscar otro punto de buceo. Por el comportamiento, se estaba armando un grupo de cópula. Así que nos fuimos, por nuestra seguridad y para no molestarlas con nuestra presencia. Eso sí, nos fuimos con una sonrisa enorme por lo que habíamos visto. Nos queda una gran anécdota para siempre».

Fuente: Diario Río Negro