La renuncia irrevocable de Esteban Bullrich al PRO sacudió la interna del partido, que enfrenta un debate constante sobre si brindar un apoyo incondicional a La Libertad Avanza a nivel legislativo o plantear reparos ante ciertas iniciativas donde predominan las diferencias.

El detonante fue la decisión partidaria de no otorgar quórum en la sesión de Diputados impulsada por el kirchnerismo para avanzar con la interpelación a Manuel Adorni, propuesta que el propio espacio había promovido y que cuenta con respaldo en el Senado.
Bullrich, exsenador y exministro de Educación durante la gestión de Mauricio Macri, fue contundente en la carta en la que formalizó su renuncia al partido del cual fue uno de sus fundadores hace más de dos décadas. En su misiva afirmó: «La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia». En un extenso posteo en su cuenta de X, agregó: «Por haber sido parte de esa construcción, siento hoy la obligación moral de ser coherente con aquellos valores fundacionales».
En respuesta, el secretario general del PRO, Fernando de Andreis, consideró «injusta» la mirada de Bullrich sobre las decisiones partidarias, aunque respetó su determinación.
Esta discusión generó un fuerte ruido interno en un partido en proceso de reconstrucción, con limitada representación en ambas cámaras, pero todavía con figuras de peso que mantienen un perfil relevante y que buscan un equilibrio entre posturas más cercanas o distantes al Gobierno.
Las diferencias sobre la relación con La Libertad Avanza dividen principalmente a tres grupos de dirigentes: quienes están más abiertos a acuerdos con los libertarios, quienes plantean condicionamientos en casos puntuales, y los llamados «puristas», entre los que se encontraba Bullrich, con una baja actividad partidaria en los últimos tiempos.
Mauricio Macri, como jefe del partido, ha promovido la idea de acompañar al gobierno libertario en aquellos temas en los que hay consensos generales, especialmente en materia económica, pero también de diferenciarse en posiciones que considera alejadas de los valores fundacionales del PRO.
Fernando de Andreis se alinea plenamente con esta visión y es quien, en la práctica, plasma en palabras muchas expresiones que Macri prefiere no hacer públicas. Por su parte, María Eugenia Vidal, presidenta de la Fundación Pensar, es una voz crítica del Gobierno y ha reafirmado su postura respecto al caso Adorni, reiterando que debe ser cesanteado por Milei.
La disyuntiva que atraviesa el partido, y que bullrich evidenció, se refleja en la disparidad de actitudes: mientras en Diputados se evitó dar quórum para avanzar con la moción de censura contra Adorni, en el Senado se presentó y firmó un pedido para su interpelación.
El principal referente legislativo del PRO es Cristian Ritondo, aliado estratégico del Gobierno desde el inicio de su gestión y que también acompaña a Macri en su posible candidatura presidencial para 2027.
Ritondo y su bloque recibieron críticas tras no dar quórum para la interpelación a Adorni y trasladar la discusión a la comisión de Asuntos Constitucionales. Sin embargo, esta estrategia parece lógica dadas las afinidades con el Gobierno y las diferencias profundas con el kirchnerismo.
Bullrich cuestionó explícitamente esta actitud en Diputados. En el macrismo reconocen su rol como fundador, pero señalan que desde que se alejó de la función pública por su enfermedad su participación en la vida partidaria disminuyó significativamente y que, cuando se expresa políticamente, lo hace fuera del marco del PRO.
Lo paradójico es que horas después, desde el Senado, la cabeza del pequeño bloque de tres integrantes, Martín Goerling Lara, insistió en la interpelación a Adorni, fijando la fecha para el 2 de julio, mismo día en que tenía previsto presentar su informe de gestión ante la Cámara alta.
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